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Dradas peligrosas -- Colaboraciones anónimas.-
MITOS
Los hechos de importancia permanecen en la memoria de las sociedades. Ahora bien, este fenómeno que se ha dado en llamar "memoria histórica", no es siempre un recuerdo fiel, transparente, del hecho que contiene. Las sociedades cuentan con montones de mecanismos que deforman el recuerdo de los hechos pasados, sobre todo cuando se trata de hechos extremadamente dolorosos, hechos cuya aceptación en toda su verdad exigiría un ejercicio formidable de la autocrítica. Todavía más: no podemos reducir los mecanismos que conforman la llamada "memoria histórica" a los mecanismos que rigen el funcionamiento de la memoria individual. Las sociedades son complejas, heterogéneas, formadas por clases o, como se dice ahora, si se prefiere, por "actores sociales", con intereses y por lo tanto objetivos, distintos e, incluso, antagónicos. Pongamos un caso concreto, referido a la cuestión que nos ocupa. Videla planeó el secuestro sistemático de bebes y el exterminio de una generación argentina. No puede sostener en público que lo hizo, pero la verdad es no sólo que fue así sino que, además, no se arrepiente de haberlo hecho. No se le puede pedir a Videla que se autocritique. No tiene sentido. Pero Videla no es más que la punta del iceberg, la cabeza visible de un grupo, una clase, o un "actor social" (como se prefiera). Y aquí es donde unimos nuestros dos párrafos anteriores: los productos de la memoria histórica son productos mitificados, fruto de la mediación de propagandistas, agentes, periodistas, intelectuales, etc., interesados en ofrecer una versión determinada para el conjunto de la sociedad, del hecho aberrante e inaceptable. Una versión que, por ejemplo, no niegue el robo sistemático de bebés, pero que permita que sea Grondona quien trate ante la población semejante tema. Es decir: una versión que, sin ocultar lo inocultable ni defender lo indefendible oscurezca los motivos más profundos del golpe y de la dictadura. De ese modo, quien fuera junto al amigo Bernardo, en aquel memorable programa Tiempo Nuevo, el vocero más descarado del régimen militar, aparece como el campeón de la democracia y los derechos humanos. Así, la clase, grupo o sector social (repetimos: como se prefiera) a la que tan cabalmente representa Grondona, la clase que ideó, gestó y ejecutó el golpe, aparece como fiscal de su propio crimen, desorientando a los millones de argentinos que asistimos perplejos a tal supremo ejercicio de hipocresía social. Aprovechemos el aniversario para derribar o, por lo menos, para ayudar a derribar, algunos de los mitos que encubren la verdad sobre el golpe del '76. Podríamos resumir del siguiente modo al primero de ellos: el golpe fue un producto de la locura de los militares o, por lo menos, la loca respuesta de los militares a la loca violencia guerrillera. En los últimos años se ha publicado una extensísima bibliografía que demuestra que la guerrilla había sido ya derrotada militarmente en 1975. El golpe fue, en realidad, la lógica salida que encontraron el gran empresariado nacional y extranjero al problema del fracaso de los primeros planes de ajuste, aplicados por Rodrigo y Mondelli, ministros de Economía de Isabel, y derrotados por la poderosa clase obrera de entonces mediante huelgas y movilizaciones sin precedentes, de lejos las mayores de toda la historia argentina. Había que aplicar esos planes y, si los políticos eran incapaces de disciplinar a los trabajadores, había que hacer tronar el cañón y enchufar las picanas. Segundo mito: nadie se opuso al golpe, la gente quería el golpe, y toda otra serie de estupideces por el estilo. La mentira se cae por su propio peso: ningún régimen que goce de apoyo popular necesita exterminar en un año a 30 mil personas. Es posible que, además de la clase dominante, que por supuesto inspiró el golpe y no podía más que estar de acuerdo con él, una importante franja de la clase media haya favorecido el derrocamiento de Isabel Perón, ante la situación de inestabilidad política determinada, repetimos, no por la violencia guerrillera, sino por el auge extraordinario de las luchas obreras y populares. Que cada cual se ponga el saco que le corresponde. En todo caso, está claro que la clase obrera no sólo no favoreció el golpe, sino que lo enfrentó. Existe un pequeño librito de Pablo Pozzi, titulado Oposición obrera a la dictadura, que muestra infinitos casos de heroísmo obrero que se inician el mismo día del golpe militar: fábricas cercadas por el ejército que van a la huelga para que aparezcan delegados secuestrados y que en muchos casos lo consiguen, el paro clandestino de Luz y Fuerza que se inicia en abril del '76 y que le costó la desaparición al secretario general del gremio, Oscar Smith, etc. Tercer mito. Este involucra además una falta de respeto que debería avergonzar a quienes lo profesan: la agenda. La gente desaparecía porque estaba en una agenda. No, los militares no se equivocaron. No se llevaban a gente que figuraba en una agenda sino a quienes se oponían a la dictadura o eran sindicalistas o marxistas o peronistas de izquierda. Por otra parte, habría que preguntarse: ¿en la agenda de quien? ¿Estaba bien que se llevaran al propietario de la agenda, que sería un subversivo o un guerrillero o un comunista, pero no al inocente "apolítico" cuya vida se tronchaba por tan infame casualidad? Uno puede no estar de acuerdo con los sindicalistas, los peronistas de izquierda o los marxistas de 1976 que hoy son desaparecidos, pero no puede menos que admitir que murieron a causa de las ideas que profesaban. Este tal vez no sea el principal de los mitos que constituyen la memoria mitificada del golpe del '76, pero sí es el más irrespetuoso hacia quienes fueron sus principales víctimas. Deben existir montones de mitos más acerca de lo que fue el régimen más sangriento de la historia argentina. No tenemos espacio para criticarlos todos, pero preferimos, a 24 años de aquellos hechos, dedicar estas cortas líneas a rasgar el velo que encubre los verdaderos fundamentos del golpe, a la tarea más sencilla de repetir las acostumbradas frases vacías sobre la locura de los militares, las violaciones a los derechos humanos, la libertad de expresión, etc. Sobre todo porqué, a 24 años de los hechos, esas frases ya han sido gastadas por los cómplices de entonces, que hoy aparecen como santos.
PROMETEO
Don Pascual y el Gnomo Colorado
(Cualquier similitud con la realidad es producto de la mera causalidad....)
Este relato cuenta la historia de un pequeño ser sobrenatural de aspecto casi humano, y Don Pascual, amo y señor del condado de Las Lomas , cuyo poder domina la vida y el destino de las personas del lugar.
Don Pascual es un soberano ambisioso y egoísta, muy dispuesto a rodearse de quienes consientan sus locuras y placeres.
Durante su reinado se hallaba él muy amargado, deprimido y triste, porque a pesar de sus esfuerzos no podía mostrarse como realmente era. Es así que sus días transcurrían lentamente sin que ocurriera nada que lograra sacarlo de su estado de ánimo..........Hasta que un día apareció por su reino, el Gnomo Colorado, personaje extraño si los hay, mezcla de pájaro loco, demonio de Tasmania y Charles Chaplin, que se ganó los favores del soberano.
El Gnomo empezó a hablarle al oído al rey, aconsejándolo de los pasos a seguir para lograr de una vez por todas, ser él mísmo.-
¿Pero mis subditos me querrán así?, preguntó el rey. No te preocupes, contestó el Gnomo, el Consejo del reino te apoya, y sus miembros tienen tan pocos escrúpulos que se encargarán de convencer a todos de que tu eres un rey bueno y honesto. ¿Que debo hacer?, dijo entonces Don Pascual....... Debes tomar estas hierbas, contestó el Gnomo. ¿Que son?.........Tómalas y no preguntes.........!!
El rey tomó las hierbas y de golpe un mundo nuevo apareció ante sus ojos: diosas fantásticas, carruajes blancos lujosos, vestimentas muy finas y suculentos banquetes regados por exquisitos vinos del reino. Ante tanta lujuria el rey estaba desbordado de placer, así que se dispuso a ser él mísmo.........y empezó a tomar medidas.
Primero expulsó del reino a ciertos colaboradores, ya que si las cosas segían así, todos iban a pensar que los méritos no eran de él.
Luego expulsó a personas que lo molestaban con su presencia.
Finalmente incorporó a la corte a algunos amigos del Gnomo Colorado que tan bien lo había aconsejado.
Hoy Don Pascual disfruta de sus días con su séquito, y pasa sus horas divirtiéndose con las andanzas de sus bufones, aunque ultimamente se lo ve algo sacado, ya que han llegado malas noticias desde el reino de CURRUPTULANDIA, al que Don Pascual anexó hace poco tiempo el Reino de Las Lomas .
Hasta hace poco tiempo sus proyectos para el futuro incluían conquistar nada menos que el reino de los Grandes Montes , aunque cuenta la leyenda, que Don Pascual, desconfiado por naturaleza, consultó a su oráculo sobre su futuro en dichos territorios, dificiles de conquistar por cierto. "Tengo las bendiciones del monje Colgate, conde de Grigera", expresó radiante Don Pascual, a los que los mejores brujos y magos contestaron, tras largos análisis de humos blancos, de los que el rey prefirió participar personalmente: " Solo vemos penumbras y peligros, además de un pronto final del monje Colgate. Además, vemos espantosas pinturas sobre piedras del reino que dicen cosas terribles sobre tí, amo y señor......"
¿Quien sabe donde llegará todo esto?, después de todo ya está acostumbrado a las dificultades, ¡ Con tantos porrazos que se dió.....!!.-
Papelwoj y los caballeros del ácido desoxirribonucleico.-
Nota de los autores:
Nombres cientificos de los personajes:
Don Pascual ( Ladinus Scorpius) - Gnomo Colorado (Chiquitus Rojizus) - Monje Colgate ( Procesus Servidorum).-
LA SALIDA DE LA DROGA ES POSIBLE
Guillermo:

"Me fui un par de días y creo que eso me hizo reflexionar mucho. Volví a mi casa y les dije a mis viejos que me internaba. Ahora estoy tratando de curarme y creo que esto es algo que le debo a mis viejos. Ellos me hicieron dar cuenta de lo enfermo que estaba." "Empecé a drogarme a los 14 años. Como la mayoría, por curiosidad. Fue con un amigo mío. Él me había contado que había fumado y me acuerdo que le dije de todo, pero después de eso yo le empecé a preguntar qué efecto le hacía, cómo era, hasta que un día le dije si tenía uno para probar. Me dijo que sí y así empecé. "Al principio no fumaba muy seguido. Siempre me convidaban y yo no era de comprar porque alguien siempre tenía. También tomé pastillas, no mucho porque no me gustó. Una vez tomé dos pastillas juntas y me duró dos días el efecto y me sentí muy mal. "A los 17 años probé la cocaína. Me acuerdo que fue en Navidad cuando empecé a tomar. Yo trabajaba en una agencia de publicidad y ya tenía plata para comprarme droga. Antes de cumplir los 18 años me puse de novio y empecé a alejarme un poco de mis amigos. Casi ni me drogaba. Tomaba o fumaba cuando los veía o salía con ellos y sólo me drogaba cuando me peleaba con mi novia. "Cuando dejé de salir con ella, me empecé a drogar más seguido y cada vez más cantidad. Empecé el 94 mal, redrogado. Era algo de todos los días. Era en lo único que pensaba. Para mí, como creo que para cualquiera, no había horario para drogarme. "Empecé a trabajar con mi papá. Yo había hecho un curso de diseño gráfico en computación y al principio los trabajos los hacía, pero no con muchas ganas. De a poco dejé de hacerle los trabajos hasta que mi viejo habló conmigo y me dijo que para laburar así era me preferible que no labure más y eso fue lo que hice. "El 94 fue mi peor año con las drogas. Llegaba todos los días a la 7 de la mañana a mi casa y mi viejo me preguntaba qué me quedaba haciendo hasta tan tarde en la calle. Yo le decía que me quedaba con los chicos en una estación de servicio tomando cerveza y hablando. "En abril me puse de novio con una chica que se drogaba. Después de un par de meses se enteraron en la casa y un día me llamó por teléfono la madre y me citó en un bar. La mujer me dijo que se había enterado que yo también consumía y que si yo no le contaba a mis viejos, se lo iba a contar ella. Ese día llegué a mi casa, lo senté a mi viejo y le dije que había estado fumando marihuana y que ya no lo iba a hacer más. Después se lo conté a mi mamá, que ya sospechaba que algo malo estaba pasando. Esa misma noche dije que me iba a bailar y me fui a drogar, como siempre. "Un mes después, más o menos, dejé de salir con esta chica. Ella ya no se drogaba y yo cada vez consumía más. Ya empezaba a desaparecer de mi casa, pero no mucho. Si desaparecía lo hacía un fin de semana, o sea, dos o tres días. Mis viejos se dieron cuenta de que estaba mal y se empezaron a mover para buscar alguna solución a mi enfermedad. "Yo en ese momento no quería saber nada con internarme y menos cuando una chica con la que tuve una entrevista para empezar un tratamiento me dijo que ella había estado dos o tres años internada. Medio como que me asusté y no volví más. Después empecé a ir a una psicóloga. Fui dos o tres veces y no fui más. Mis viejos siguieron insistiendo y fui a varios lugares más. "Yo me seguía drogando. Seguí fumando marihuana, tomando LSD y cocaína hasta que me empezaron a ponerme límites. Por ejemplo, no me dejaban salir los días de semana a la noche y si salía, después no me dejaban entrar. Me empecé a dar cuenta de que no daba más por todo lo que estaba haciendo. Igual no quería saber nada de internarme y tuve que pegarme un par de palos más, como para darme cuenta. Allí mis viejos me cerraron la puerta de mi casa, me sacaron las llaves, me cambiaron la cerradura y me dijeron que si no me internaba no entraba más a casa. "Me fui un par de días y creo que eso me hizo reflexionar mucho. Volví a mi casa y les dije a mis viejos que me internaba. Ahora estoy tratando de curarme y creo que esto es algo que le debo a mis viejos. Ellos me hicieron dar cuenta de lo enfermo que estaba."
Andrea:
"Poco después comencé a drogarme nuevamente. Aborté la criatura y a los dos meses le conté a mi familia que necesitaba internarme debido a que era adicta y a que ya no podía dejar de consumir.. Se enteraron de mi posible HIV, pero por suerte los resultados dieron negativos. De todas formas tengo que realizar nuevos estudios. Ahora me siento mejor y agradezco a la vida esta nueva oportunidad." "De pequeña era muy tímida, me costaba relacionarme con los demás. Recuerdo que la mayor parte del tiempo me la pasaba imaginando situaciones distintas de las que vivía en el momento. En la secundaria comencé a cambiar. Ya estaba cansada de ser la tímida retraída y me pasé al otro extremo. Tenía problemas de conducta. De todas formas me costaba relacionarme. No decía nunca lo que sentía por vergüenza o inseguridad. Siempre estaba disconforme con todo." "Me metí en el Centro de Estudiantes y creo que por ahí trataba de canalizar todas mis emociones. Me gustaba mucho porque conocía gente de todas partes. Además, yo era muy conocida en el colegio y me sentía importante. Disfrutaba cuando le hacía planteos a la Directora o al organizar sentadas por baños rotos. Me gustaba que las autoridades no tuvieran dominio sobre nosotras y yo sí sobre mis compañeras. "La relación con mi familia iba en decadencia y cada vez me sentía más sola y con mayor angustia. A los 15 años tuve mi primer novio, Marcelo. Cortamos a los pocos días de haber tenido relaciones. Fue mi primera vez y yo sentí mucha tristeza porque no entendía que después de haber tenido algo tan importante nos peleáramos. Él era adicto. "A los 17 años novié por segunda vez con Marcelo y poco después de terminar la secundaria, al año y medio de noviazgo, quedé embarazada. Al principio decidimos casarnos y tener el bebé, pero después de hablarlo con mi familia él decidió que no quería tenerlo. No me sentí capaz de continuar sola y aborté la criatura. Me sentí muy mal, traicionada y deseaba morir en la internación. "Al tiempo corté con Marcelo debido a que el muchacho resultó ser un Don Juan y me había traicionado en varias oportunidades con conocidas del barrio. En el 89 comencé la UBA para cursar Ciencias de la Comunicación. Mi tiempo se dividía en estudiar y militar en el CBC ya que con otros chicos creamos una agrupación estudiantil independiente. Mis círculos de amistades eran muy variados. Compartía con gente sana para estudiar, otros eran militantes y otro tanto gente enferma. Con ninguno de los grupos estaba demasiado tiempo ya que no me sentía bien en ningún lugar. Tomaba alcohol por demás, me emborrachaba para pasarla bien y al poco tiempo empecé a consumir toda clase de drogas. "Una noche conocí a Matías, un artesano adicto mucho mayor que yo. Empezamos a salir y ése fue mi pasaporte al descontrol. Nuestras salidas consistían en tomar alcohol y consumir drogas en cualquier lugar de Buenos Aires. Una tarde me peleé con mis padres y mi papá me dijo que o hacía lo que él quería o que me fuera de casa. Y así fue. Me fui de casa. Ese era mi sueño desde hacía mucho tiempo. "Vagué durante tres días sin rumbo y sin plata hasta que fui a vivir con una amiga separada que tenía un bebé. Conseguí trabajo y continuaba estudiando. Por lo general estaba todo el día en la calle. Durante el día trabajando y en la facultad y durante la noche con Matías en cualquier lugar, tomando alcohol o drogándome. Los fines de semana, viajábamos a cualquier lugar, en cualquier tren, con una carpa, comida y drogas. "En ese momento era feliz y me sentía libre. Por unos meses desapareció la soledad y la tristeza. Ya no recordaba lo que ocurría exactamente en los viajes y en mi vida. Tenía imágenes difusas de líos, corridas, hoteles de mala muerte. Me acuerdo que un lunes regresé de San Antonio de Areco y lo único que recordaba era un amontonamiento de gente a mi alrededor porque me había caído de un puente. "Cada vez estaba menos en la casa en la que vivía porque no quería que el bebé me viera drogada o borracha. Mis notas en la facultad se fueron a pique, un par de profesores se acercaron a preguntarme qué me pasaba y a decirme que estaban muy preocupados por mí. Me fui de la casa de mi amiga a una casa semideshabitada que conseguí por intermedio de unos conocidos. Allí alquilaba una habitación. Pero el hijo del dueño, que era de mi edad, intentó varias veces pasarse conmigo, así que solamente iba a bañarme y cambiarme de ropa. Me la pasaba yendo de un lado para otro sin tener un lugar propio. Con Matías las cosas iban mal. Yo me alejaba cada vez más de todos. Lo único que compartía con él era drogarnos y resulta que él se cansó, quería cambiar la historia y yo no podía ni quería. Recuerdo que un día me pidió que no consumiera y no le hice caso. Me vendieron un ácido vencido o en mal estado, nos peleamos en una fiesta y nos escapamos. Él se enojó y me bajé del colectivo sin saber dónde estaba. Me quedé durante horas sin poder moverme. Por efecto de la droga imaginé que la policía me quería llevar y empecé a correr hasta que me vi reflejada en una vidriera y me pareció que estaba desfigurada. Me puse a llorar y un chico me ayudó a llegar a mi casa. "Un día me enteré que mis padres se habían ido a la costa y decidí viajar para allá para alejarme de todo, de Matías, de la droga, del barrio. Había muchos problemas con la policía y varios conocidos en esa época cayeron presos o los mataron y tenía mucho miedo porque los mismos policías que eran de Narcotráfico y hacían los operativos se drogaban con nosotros en el barrio. "Estuve siete días en la costa y conocí a Enrique. Después de asegurarme de que no se drogaba empezamos a salir juntos. Cuando regresamos a Buenos Aires dejé a Matías y me fui a vivir con Enrique a la casa de los padres de él, que estaban de vacaciones. Busqué otro trabajo, fui a la universidad y empecé a hacer una vida normal. "Durante tres meses viví con Enrique, pero cuando terminó el verano quedé en la calle. A la casa deshabitada no quería volver y después de dar algunas vueltas regresé a la casa de mis padres. Como nadie preguntó nada, un día llevé todas mis cosas. Mis padres me propusieron hacer un viaje a Europa para mejorar las relaciones. Viajamos durante dos meses y eso me ayudó mucho para cortar las ganas de consumir. Volví y me sentía mucho más fuerte con respecto a ese tema. "Con Enrique decidimos ir a vivir juntos, pero no conseguimos nada por falta de dinero. En casa yo hacía la mía sin que hubiera mayor dificultad y creo que no me molestaban porque tenían miedo de que me volviera a ir. Algo en ese momento había logrado y era consumir sólo de vez en cuando durante un año y pico. Enrique no sabía nada, pensaba que yo había terminado con todo aquello a los 19 años. "Quedo embarazada por segunda vez. Viajamos a Córdoba durante un mes para decidir qué hacer. Yo quería alejarme de mi familia para que no influyeran en mi decisión. Volvimos, yo con dos meses de embarazo, y contamos la noticia de que nos íbamos a vivir juntos porque queríamos tener nuestro hijo. Pero volvió a ocurrir que después de conversar con mis padres el muchacho prefirió no tenerlo. Por los mismos motivos de hacía un par de años antes decidí perderlo, pero yo lo quería, lo sentía. Creí que moría por dentro y de hecho cambié completamente. Me convertí en una descreída. Tenía mucho odio a todo y a todos y principalmente a mí. Sentía tanto dolor, soledad, no sé, creo que hay sensaciones que no se pueden explicar. "Aún así me casé con Enrique a los dos meses y hoy en día creo que fue para escaparme, para tratar de aliviarme el dolor. Mi matrimonio duró un año y fue un infierno. Yo estaba muy enferma, cada vez más, a pesar de que no consumí hasta un par de meses antes de separarme definitivamente. Durante ese año hubo todo tipo de problemas. Peleas, escándalos, golpes, hasta que un día durante una discusión, Enrique se hizo varios tajos en la panza con un cuchillo. "Abandoné el trabajo, la facultad y empecé a consumir cocaína durante dos meses. Sólo salía de casa para ir a buscarla. Otra vez me quería morir, ya no soportaba más. Un día le dije a Marcelo que no quería verlo más, que no quería sentirme culpable de nada más y que necesitaba curarme, que los dos estábamos muy enfermos y que teníamos que separarnos para recuperarnos. Él no quiso saber nada y tuvimos muchos problemas hasta que fui a ver a un abogado y firmamos un acuerdo en el que se estableció que él no podía acercarse a mí. Para eso tuve que darle todo lo que teníamos en común. "Busqué trabajo y dejé de consumir. Me quedé en el departamento, que era mío, y empecé a remontar. Me estabilicé económicamente trabajando en un Banco. Durante ese tiempo no veía a nadie. Solamente salía para ir a trabajar, disfrutaba de la soledad en mi casa y eso me ayudaba a salir adelante. Después de seis meses de tranquilidad y orden en mi vida me sentía muy fuerte, pero me empezó a aburrir la rutina, la soledad y al poco tiempo me despertaba por las mañanas casi sin saber con quién estaba. "Mi dolor y mi angustia crecían. Decidí pasar Año Nuevo en Brasil, en Bombinhas, para escapar de todo. Mi familia se opuso, pero no me importó y me fui. Durante esas vacaciones me enamoré de un brasileño y decidí ir a vivir con él a Porto Alegre. El primer tiempo estuvo bien y no consumí, pero a los pocos meses comencé a sentirme sola, aburrida y sin perspectivas, así que volví a Buenos Aires, donde me encontré otra vez sin dinero y sin trabajo. Empecé a estudiar Sociología, pero no estaba bien y al tiempo tomé sedantes y dormí tres días seguidos. Sin saber cuál era el motivo de mi estado, mi familia me pidió que me fuera unos días a una clínica en Diquecito, Córdoba, para descansar y recomponerme. Y eso hice. Me dediqué durante quince días a hacer deportes, comer bien y recuperarme. Creo que fueron los 15 días más felices de mi vida. "Regresé a Buenos Aires muy bien, con mucha fuerza, pero me duró un par de meses. Viajé a la costa y conocí a Marcelo, un personaje que me superó y me hundió por completo nuevamente en un abismo. Me envolvió con mentiras y resultó ser un adicto que ya había pasado por cinco tratamientos, tener HIV y una hija de cuatro años abandonada. Estos hermosos detalles los fui descubriendo a medida que avanzaba nuestra relación. Ni bien lo conocí se vino a vivir conmigo puesto que no tenía dónde vivir. Me fui involucrando en sus problemas y trataba de ayudarlo para que no se ahogara, pero me olvidé de que yo no sabía nadar. "En diciembre decidimos ir a vivir a la costa y hacer la temporada allá, sobre todo para que él pudiera alejarse de la droga, pero no sólo no lo consiguió sino que en enero quedé embarazada y creí volverme loca. Él se picaba y yo tomaba alcohol. Nuestra vida se convirtió en un infierno, vuelta los escándalos, las peleas... Me enfermé de neumonía y económicamente me venía a pique. Hasta que intenté dejarlo y él puso a funcionar el plan A: llantos, promesas, escándalos. Como no funcionó intentó con el plan B, que consistía en intentos de suicidio, y ¡bingo! logró conmoverme. Fue entonces que me enteré de que él era portador de HIV. "En febrero regresamos a Buenos Aires. Teníamos que buscar ayuda para él y decidir qué hacer con el bebé. Después de ver a algunos médicos me dijeron que era muy probable que tanto yo como el bebé estuviéramos contagiados, que yo estaba muy débil y que el diagnóstico no se podía confirmar hasta mi sexto mes de embarazo. Decidí abortarlo. En medio de todo esto a mi pareja se le ocurrió desaparecer luego de robarme la plata que yo había juntado para poder pagar el aborto. Así que a pesar de que no quería involucrar a mis padres en todo eso no me quedó otra alternativa. "Poco después comencé a drogarme nuevamente. Aborté la criatura y a los dos meses le conté a mi familia que necesitaba internarme debido a que era adicta y a que ya no podía dejar de consumir.. Se enteraron de mi posible HIV, pero por suerte los resultados dieron negativos. De todas formas tengo que realizar nuevos estudios. Ahora me siento mejor y agradezco a la vida esta nueva oportunidad."
AGRADECEMOS A GUILLERMO Y ANDREA LA VALENTIA DE DAR SU TESTIMONIO.
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